martes, septiembre 27, 2011

La ocasión lo merece.

Sin muy bien que decir, y como testimonio del principio de un final que no me gusta afrontar, comienzo a escribir de nuevo en este blog que relegué al olvido.

Muchos meses han transcurrido desde que decidí poner fin a mi costumbre de plasmar lo que pensaba o sentía, quizá con la esperanza de que algo en mi o en mi vida cambiase, esa esperanza que nunca cesa de aportarme quebraderos y dolores de cabeza, pues, aunque pueda sonar pesimista (soy consciente de ello) la esperanza en mi caso nunca ha llegado a materializarse en ningún pensamiento o hecho positivo.

Nada cambia, al final. Las historias se repiten, espejismos de momentos pasados que sin duda enterraría en lo más profundo de mi mente para nunca más volver a rememorarlos vuelven a mi en forma de nuevas situaciones y personas, cambiando irremediable e inexorablemente mi forma de ser, esa forma de ser tan propia de mi que poco a poco se va puliendo, transformándome en el hombre que llegaré a ser algún día, cuando no haya nada más que pulir, o la roca de la que esta hecho mi corazón no admita más desgaste...

Quizá en alguna ocasión del futuro, el peculiar espíritu del que soy portador pueda hallar algo de paz, o al menos pueda encontrarle un sentido a todo lo que sucedió, sucede y sucederá.

Ojalá encuentre el modo de poder evitar esos espejismos, o en todo caso el modo de poder lidiar con ellos con el mínimo sufrimiento posible, para no caer en las garras del desconsuelo, para poder mantenerme en pie cuando lo único que deseo es caer abatido por mi falta de fuerzas para luchar. Espero encontrar en un futuro la forma de eludir la consternación que me espera a cada esquina.

Tarde o temprano todo irá a mejor, pues el tiempo tiene la increíble cualidad de mitigar las penas más grandes y apaciguar un alma en sufrimiento.

Tarde o temprano, encontraré respuestas.